Archive for July, 2014|Monthly archive page

Quote of the Day

It is impossible to live without failing at something, unless
you live so cautiously that you might as well not have lived at all —
in which case, you fail by default.

— J. K. Rowling

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Quote of the Day

A rationalist is simply someone for whom it is more important
to learn than to be proved right; someone who is willing to learn from
others — not by simply taking over another’s opinions, but by gladly
allowing others to criticize his ideas and by gladly criticizing the
ideas of others. The emphasis here is on the idea of criticism or, to be
more precise, critical discussion. The genuine rationalist does not
think that he or anyone else is in possession of the truth; nor does he
think that mere criticism as such helps us achieve new ideas. But he
does think that, in the sphere of ideas, only critical discussion can
help us sort the wheat from the chaff. He is well aware that acceptance
or rejection of an idea is never a purely rational matter; but he thinks
that only critical discussion can give us the maturity to see an idea
from more and more sides and to make a correct judgement of it.

— Karl Popper

Quote of the Day

Rightful liberty is unobstructed action according to our will within
limits drawn around us by the equal rights of others. I do not add
‘within the limits of the law,’ because law is often but the tyrant’s
will, and always so when it violates the rights of the individual.

— Thomas Jefferson

Quote of the Day

You have to ask yourself, ‘Who owns me? Do I own myself or am I just another piece of government property?

— Neal Boortz

GGC – Magazin Junio 30 /2014

Correo del Orinoco

 

Edición de Junio 30 /2014
 

El Grupo Gran-Colombia (GGC) es una organización sin fines de lucro, absolutamente independiente de todo grupo político, religioso, empresarial o gubernamental, cuyo desafío fundamental es encontrar y usar los medios necesarios para lograr una progresiva evolución hacia una sociedad libre, formada por ciudadanos ilustrados y responsables, que acierten a protegerse, mediante un esfuerzo común, contra el miedo, la necesidad y la opresión, sea interna o externa.

 

 

En esta edición:

 

1)      Primero vino la prosperidad, luego el Leviatán – Mauricio Rojas

2)      Los muertos palestinos que no interesan – Elías Cohen

3)      No hay que copiar a Chile – Ian Vásquez

4)      Libertad política y económica – Hernán Bonilla

5)      Las vacas y el populismo – Gabriela Calderón de Burgos

6)      El misterioso caso de los comunistas incapaces de aprender – Carlos Alberto Montaner

7)      El mundo ha experimentado un espectacular avance – Diego Sánchez de la Cruz

 

 

 

  1. Primero vino la prosperidad, luego el Leviatán

Autor: Mauricio Rojas

 

 

El gran Estado benefactor sueco tiene una historia relativamente corta y reciente. Se instaura a partir de los años 60 y sufre su gran crisis a comienzos de los 90. Hasta la década de 1950 Suecia se caracterizaba tanto por la pequeñez comparativa de su Estado como por su bajo nivel tributario. El Estado sueco, medido por la proporción de empleados públicos en el empleo total, era todavía en 1960 menor que el británico o el estadounidense, y su carga tributaria era comparable con la de estos países y estaba por debajo de la de Francia o la de Alemania Federal. Esto es importante recalcarlo, ya que la evolución que llevaría a Suecia a alcanzar unos niveles récord de expansión estatal y tributaria representa una ruptura con una historia caracterizada por lo contrario.

 

Es interesante notar que, en términos de desarrollo económico comparativo, es justamente en el período anterior a 1960 cuando Suecia exhibe un desempeño extraordinario, mientras que el período que va de 1960 a 1990 –coincidente con la gran expansión estatal– es muy mediocre. Entre 1870 y 1960 Suecia es el país que más crece a escala mundial en términos de PIB per cápita, mientras que entre 1960 y 1990 se ve superado por todos los demás países desarrollados, con excepción de Gran Bretaña y Suiza.

 

Este desarrollo mediocre se va haciendo cada vez más pronunciado en la medida en que la expansión estatal alcanza sus niveles más extraordinarios. Así, entre 1975 y 1990, cuando el gasto público llega a superar el 60 por ciento del PIB, Suecia muestra el crecimiento económico más lento de todos los países desarrollados. El Leviatán sueco estaba, simplemente, ahogando a la sociedad que le había dado vida y preparando su desmoronamiento a comienzos de los años 90.

 

Si volvemos la mirada hacia los años del milagro sueco –entre 1870 y 1960– se observa que el notable desempeño de Suecia fue propulsado por un capitalismo pujante y abierto al mundo, es decir, por una economía de libre mercado e industrias de primera clase, basadas en el trabajo y la creatividad de sus obreros, ingenieros y emprendedores, que transformaron un insignificante país nórdico que a mediados del siglo XIX era una economía periférica que exportaba materias primas y alimentos en una verdadera potencia industrial.

 

El momento crucial de la asombrosa transformación de Suecia fue la liberalización y apertura revolucionaria de su economía a mediados del siglo XIX, conducida por Johan August Gripenstedt, ministro de Finanzas entre 1851 y 1866. Fue entonces cuando definitivamente se rompió con la economía de los privilegios estamentales, las regulaciones estatales abrumadoras, las aduanas internas, el proteccionismo, los impedimentos a la libertad de industria y de comercio así como a la libre circulación de las personas. Sí, la madre de la prosperidad sueca no fue otra que la libertad económica, que potenció el esfuerzo del pueblo y el ingenio y la capacidad emprendedora de sus elites. Ello preparó las condiciones para el espectacular salto industrial en las décadas finales del siglo XIX, cuando la tasa sueca de crecimiento –entre 1870 y 1913– fue la mayor de Europa y los obreros industriales vieron triplicarse su ingreso real. Así, gracias a la fuerza de su capitalismo, un pueblo que había experimentado la última de sus muchas hambrunas en 1868 pudo acceder a un nivel de bienestar nunca antes conocido.

 

Esto no quiere decir que el Estado no haya sido importante en todo este proceso, muy por el contrario. El Estado sueco desempeñó en verdad un papel decisivo, pero no fue el de engullirse una tajada creciente del ingreso nacional ni el dárselas de empresario ni el de crear un sistema de prebendas y privilegios. El Estado sueco hizo lo que todo Estado que ayuda a generar progreso debe hacer, es decir, crear instituciones que fomenten la libertad individual y protejan la propiedad privada, que exijan el cumplimiento de los contratos y mantengan el Estado de Derecho. También puso su mano allí donde las manos privadas no alcanzaban, como en la construcción de ferrocarriles o en la creación de las llamadas escuelas del pueblo, a partir de 1842, que a fines del siglo XIX daban escolaridad a prácticamente todos los niños del país. Esto fomentó la igualdad de oportunidades, lo que reforzó el impacto positivo de la distribución igualitaria de la tierra que caracterizaba ya de antes a la agricultura local. Fue un Estado subsidiario y solidario, creó instituciones sólidas, hizo aportes económicos estratégicos pero limitados y allanó el camino de la igualdad de oportunidades. Fue, en pocas palabras, un Estado ejemplar y, además, cada vez más democrático.

 

Esta fue la base económica que daría a la socialdemocracia los recursos necesarios para la realización de sus programas de reformas sociales. Es por ello que quienes predican la adopción del modelo sueco, es decir, la construcción de un gran Estado benefactor, en países sin un desarrollo comparable no hacen sino proponer una quimera.

 

Sin un capitalismo de primera línea no puede existir ni bienestar ni Estado del Bienestar, esta es la lección más fundamental del desarrollo moderno de Suecia. La otra lección de importancia es que si se quiere lograr y luego mantener ese desarrollo es mejor cuidarse del gran Estado. Lo ocurrido en Suecia a partir de 1960 es una clara advertencia acerca de los peligros de una expansión estatal que termina destruyendo las bases mismas del progreso.

 

 

  1. Los muertos palestinos que no interesan

Autor: Elías Cohen

 

 

En esta última escalada de violencia entre Israel y Hamás la retórica de muchos activistas, políticos, periodistas y académicos ha vuelto a ser significativa en cuanto a pro-palestinismo y demonización de Israel se refiere. Los ejemplos son sustanciosos.

 

El activista pro-palestino Manu Pineda, paisano mío, que está en Gaza sirviendo como escudo humano, ha declarado a El Confidencial: “Siento vergüenza de que mi vida valga más que la de los palestinos”.

 

Cayo Lara, por su parte, ha llamado abiertamente a romper relaciones con Israel y comparado a los judíos con los nazis. Alberto Garzón, la joven promesa de Izquierda Unida, también paisano, ha declarado que lo que está haciendo Israel en Gaza es un genocidio.

 

El profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense Najib Abu Warda ha publicado un análisis (sin datos ni fuentes contrastadas, viva la deontología) en el que compara el holocausto nazi con el “sionista”.

 

En numerosas ocasiones, la solidaridad con el sufrimiento de los palestinos, a la cual Pineda se siente “enganchado”, no es sincera, sino un subproducto del odio a Israel. Si las hemerotecas hablaran…

 

En 2007, después de que Hamás ganara las legislativas palestinas, una lucha fratricida entre la referida organización islamista y la del presidente Mahmud Abás, Al Fatah, dejó más de 200 muertos en el campo de batalla, que fue toda la Franja de Gaza. Los últimos mohicanos de Al Fatah tuvieron que huir por mar para salvar el pellejo. La nada sospechosa ONG Human Rights Watch acusó a ambas facciones de violaciones del derecho internacional humanitario, de perpetrar matanzas de civiles, ejecuciones públicas de opositores y cautivos; denunció que se lanzó a prisioneros desde azoteas de edificios altos y se libraron combates en hospitales.

 

Nadie alzó la voz. Nadie habló de matanzas. Nadie lloró por las víctimas palestinas.

 

La tampoco sospechosa organización israelí B’tselem, famosa por estar en contra de la ocupación y monitorear constantemente la actividad de los colonos y del Ejército israelí en los territorios palestinos, y el Palestinian Human Rights Monitoring Group, menos sospechoso aún, sostienen que desde 1987 han sido 1,593 las vidas que se han cobrado los conflictos intestinos entre fuerzas palestinas; sólo en Gaza habrían sido más de 600 desde 2006.

 

En Siria, donde las cifras de muertos se mueven entre los 180,000 y los 200,000, la ONU declaró a principios de 2013 que habían muerto en torno a 1,000 palestinos. En febrero de este año, el periódico on line Islamic News Daily, al que presumimos muy lejos de los intereses sionistas, cifró -haciéndose eco de informaciones de la agencia de noticias Safa- en 2,072 los muertos palestinos en Siria. El mismo mes The Guardian publicaba que las fuerzas de Al Asad sometieron a asedio el campo de refugiados palestinos de Yarmuk, a las afueras de Damasco. La agencia Safa contabilizó 840 muertos en dicho campo y 163 en el campo de Deraa. Los mató Asad, pero a nadie pareció entonces importarle la vida de esos 2,072 palestinos. Seguimos esperando alguna manifestación o concentración ante la embajada siria, con fotos de Asad luciendo una esvástica.

 

Ciertamente, esto de preocuparse por los palestinos sólo cuando los mata Israel, viene de largo.

 

En Los orígenes sociales y económicos de la monarquía jordana, el economista político e investigador Tariq Moraiwed Tell informa de que en septiembre de 1970, en su lucha contra la OLP, el Ejército jordano mató entre 7,000 y 20,000 palestinos (la primera es la cifra esgrimida por Amán; la segunda, la de Arafat). Fue el conocido Septiembre Negro, que dio nombre al célebre grupo terrorista palestino antiisraelí que llevó a cabo, entre otros crímenes, la Matanza de Múnich, en la que asesinó a 11 atletas israelíes que participaban en los Juegos Olímpicos de aquel año (1972).

 

Nadie habló entonces de genocidio, ni acusó al rey Husein de nazi.

 

Entre 1975 y 1977 murieron más de 5,000 palestinos en el marco de la guerra civil libanesa. Pero las condenas y los gritos al cielo sólo se alzaron cuando en 1982 los israelíes se inmiscuyeron en la misma e invadieron el País del Cedro. Entre 1984 y 1989, en la poco conocida Guerra de los Campos se dio muerte a más de 5,000 palestinos.

 

No hubo flotillas al Líbano, ni llamamientos de condena internacionales, ni denuncias sobre la violación del derecho internacional o de los derechos humanos.

 

Ni las hemerotecas ni los datos engañan. Eso sí, juegan malas pasadas. Los de siempre, los que duermen a pierna suelta mientras los muertos no los mate Israel, han vuelto a retratarse. Su actitud no obedece precisamente al amor por los palestinos, pues no dejan de demostrar lo poco que les importan en cuanto no anda de por medio el Estado judío. Aquí la causa fundamental está clara. Es el odio. El odio a Israel, el judío de entre las naciones.

 

 

  1. No hay que copiar a Chile

Autor: Ian Vásquez

 

 

Se ha dicho hasta el cansancio, pero es una verdad llena de lecciones que vale la pena comprenderla en América Latina: Chile es por lejos el caso más exitoso de desarrollo en la región y esto se debe al inmenso aumento de libertad en todos sus aspectos —económico, civil y político— que el país empezó a implementar en los años setenta.

 

Entre otros logros, esto ha significado un alto crecimiento, la reducción de pobreza más importante en la región en las últimas dos décadas, según la CEPAL (del 45% en los ochenta al 11% en 2011), y las instituciones democráticas y de Estado de Derecho más fuertes de la región. Según el FMI, para 2018 Chile llegará al estatus de país desarrollado con un ingreso per cápita de $24.600.

 

Sin embargo, está claro que los factores que han producido el éxito chileno están por cambiar, pues el nuevo gobierno de Michelle Bachelet está promulgando una serie de reformas que buscan reducir la elección personal y el intercambio voluntario y reemplazarlos con un dirigismo estatal en muchos ámbitos de la vida. No pudo ser más claro cuando el Senador Jaime Quintana de la Nueva Mayoría, declaró: “Vamos a poner aquí una retroexcavadora, porque hay que destruir los cimientos anquilosados del modelo neoliberal”.

 

Corregir la desigualdad, que los políticos suelen confundir con la pobreza, es la razón declarada para promover tan profunda transformación. Es cierto que la desigualdad de ingresos es alta en Chile. Pero lo ha sido por muchas décadas, cosa que en los últimos 20 años ha empezado a caer. Entre 17 países de la región, Chile tiene la octava menor desigualdad, según el índice de Gini. Al expandir el asistencialismo e intervencionismo estatal, Chile se acercará a las políticas de varios países, como Brasil, con mayores grados de desigualdad. En lo que realmente importa — un sinnúmero de indicadores de bienestar humano como el acceso a agua potable, la mortalidad, la vivienda, el uso de tecnología, etc. — la brecha entre los ricos y los pobres se ha estado cerrando rápidamente.

 

Esos hechos parecen no importar. La narrativa imperante de la coalición de gobierno es que los ricos se han beneficiado a costa de los demás. Entre las reformas emblemáticas de Bachelet están la tributaria, la educativa, y la constitucional. Allí también es difícil ver como los hechos justifican los cambios propuestos.

 

La reforma tributaria, por ejemplo, aumentaría la tasa impositiva de las empresas del 20% al 35%, convirtiendo a Chile en el país con la tercera tasa impositiva más alta del OCDE, cuando la tendencia internacional ha sido más bien rebajarlas. Incluso aliados políticos de Bachelet, como Eduardo Aninat, ex-ministro de Hacienda de la centroizquierda, no ven como tal medida no impactará negativamente la inversión y el crecimiento del país.

 

El mejor sistema educativo en la región lo proponen reformar con la meta de eliminar las subvenciones a las escuelas privadas para que tal educación sea pública y gratis. Esto, a pesar de que el porcentaje de personas en las generaciones jóvenes que reciben educación secundaria ahora ha llegado a superar el promedio de la OCDE. Respecto a educación superior, Bachelet quiere que sea gratuita. En tal escenario, el Instituto Libertad y Desarrollo explica que habría una redistribución de riqueza de abajo hacia arriba ya que el 41% de los recursos financiaría la educación del 20% más rico de la población, mientras que solo el 9% de los recursos beneficiarían al 20% más pobre. Sería mucho mejor focalizar ayudas a los más necesitados.

 

Además de estas reformas, se proponen otras respecto a pensiones, regulación laboral, sistema electoral y a la misma constitución que acusan de ser muy rígida a pesar de haber sido enmendada más de 200 veces desde el regreso a la democracia. Lo que está logrando Bachelet es minar la confianza en Chile y que ya no sea un ejemplo a seguir.

 

 

  1. Libertad política y económica

Autor: Hernán Bonilla

 

 

La relación entre la libertad política y la libertad económica ha sido estudiada desde hace siglos. No es casual, verbigracia, que el autor de filosofía política más importante de la tradición liberal clásica en el siglo XX, Friedrich Hayek, dedicara buena parte de su obra a dejar claro este punto. Desde su clásico Camino de servidumbre, en plena Segunda Guerra Mundial, en que advirtió sobre las consecuencias de la intervención del estado en la economía, hasta su último libro, La fatal arrogancia, en que explica el origen del “orden espontáneo” que hace posible el desarrollo de la civilización, hacia fines de la década del ochenta, su trabajo marca el punto de referencia ineludible en la materia.

 

Un libro reciente en el mismo sentido, que incluye evidencia empírica, es Violence and Social Orders de Douglass North, John Wallis y Barry Weingast. Encuentra que los países económicamente desarrollados —sociedades de “acceso abierto” en sus términos—, que son los de economías más libres, son también los que tienen mejores instituciones democráticas (las excepciones son Singapur y los países productores de petróleo).

 

Otro aporte novedoso es Por qué fracasan los países de Daron Acemoglu y James Robinson, dónde los autores argumentan en favor de la tesis de que las instituciones son las determinantes fundamentales del desempeño económico de los países. En lo referente a la relación entre libertad económica y política, en sus términos “instituciones inclusivas” por oposición a las “exclusivas” los autores encuentran una estrecha relación. Si bien afirman que tanto la existencia de la libertad política y de la económica o la ausencia de ambas pueden ser combinaciones estables, el único camino viable para alcanzar la prosperidad económica es la primera alternativa.

 

¿Por qué la libertad económica es necesaria para la existencia de la libertad política? Porque para que las personas puedan asociarse libremente en organizaciones, partidos, gremios o de la forma que deseen, deben poder disponer de sus recursos. Si en vez de ser así es el gobierno quien los dispone, por la vía del hecho o del derecho, las personas no podrán manifestar su opinión, no podrán abrir un diario, no podrán formar un partido político, etc.

 

Y el anverso, ¿por qué la libertad política es necesaria para la existencia de la libertad económica? Porque si entendemos la libertad política en su doble condición de participar en el proceso de formación de la voluntad general (vertiente francesa o rousseauniana del liberalismo) y la existencia de derechos inherentes a la persona, como a la vida, la propiedad, la honra, etc., (vertiente inglesa del liberalismo) no es posible que una persona disponga de derechos, si estos son una concesión graciosa del gobernante.

 

Vale decir, si el derecho al voto o a la propiedad, depende del humor del gobernante, la ausencia de libertad política implica un riesgo cierto para la libertad económica. Es necesario que exista Libertad, no libertades. La conclusión inevitable del análisis de este tema es que la Libertad es una sola, implica derechos y no regalías, se da sólo bajo la existencia de un Estado de Derecho que garantice democracia y derechos individuales, que mantenga un Estado limitado en su tamaño y sus funciones y cuyo comportamiento sea previsible para cada persona.

 

 

  1. Las vacas y el populismo

Autor: Gabriela Calderón de Burgos

 

 

La economía del populismo se puede resumir en el intento de redistribuir la riqueza existente, supuestamente para el “bien del pueblo”. Los populistas ignoran, o no les importa, que la intervención estatal en la distribución de la riqueza tenga un efecto negativo sobre la producción a mediano y largo plazo. Como ilustración de esto podemos considerar lo que ha sucedido con la política bovina de los Kirchner en Argentina.

 

El razonamiento era tan sencillo que inspira ternura: “para bajar los precios en el mercado local, simplemente desalentemos las exportaciones y todos seremos felices”. Inicialmente, prohibieron las exportaciones en 2006 por 180 días e implementaron el Registro de Operaciones de Exportación conocido como ROE Rojo. Luego impusieron un impuesto de 15% a las exportaciones de carne, entre otras intervenciones que se fueron sumando. ¿Qué ocurrió?

 

En lugar de incentivar una mayor producción de tal manera que haya más vacas para la exportación y para el consumo local, los Kirchner decidieron incentivar a los argentinos a que literalmente se comieran el stock existente de vacas.

 

En el mercado de carnes, un indicador esencial es la “faena de vientres”. Si el sacrificio de hembras aumenta, esto indica que en el futuro habrá una oferta reducida de carne, lo que se traducirá en un mayor precio de la carne en el mercado local —precisamente lo que la política populista de los Kirchner pretendía combatir. Y, al igual que ocurre con la riqueza destruida en poco tiempo mediante gobiernos populistas, tarda años reconstruir el stock de ganado. Entre 2005 y 2013 este se redujo en un 20%.

 

Para que el stock de ganado de un país sea estable es necesario que se permita al sistema de precios funcionar libremente. Son estas señales de precios las que le comunican a los productores cuando conviene o no invertir en mantener a las hembras y engordar a los novillos. Los Kirchner, al deprimir artificialmente el precio de la carne, incentivaron a los productores a sacrificar vientres y, como consecuencia, a deprimir la oferta en el futuro. Sucede que la liquidación de hembras está hoy en su punto más alto desde 2007 —fecha en que se inició un proceso de “liquidación masiva del stock bovino” que llegó a caer desde 57 millones de cabezas en 2008 hasta tocar un piso de 47.9 millones de cabezas en 2011.

 

En 2005, los ganaderos argentinos exportaban alrededor de 745,000 toneladas métricas. Ese mismo año, Argentina era el tercer exportador más importante en el mundo y el segundo país en consumo anual de carne: 136 libras por persona. Como punto de referencia, EE.UU. exportaba en ese entonces 472,668 toneladas.

 

Para 2012, Argentina exportó solamente 164,000 toneladas llegando a ser el onceavo exportador de carne en el mundo. El consumo de carne disminuyó a 121 libras por persona. Todo esto mientras que durante esos mismos 7 años las exportaciones estadounidenses de carne aumentaron a 1.13 millones toneladas.

 

En resumen, el populismo hace que desaparezcan las vacas hasta en “el país de las vacas”, al igual que sucede en otros lugares donde gobiernos han dilapidado la riqueza existente en nombre una mejor distribución e ignorando (o sin que les importe) que sus acciones condenan a la población a un nivel de pobreza persistentemente alto.

 

  1. El misterioso caso de los comunistas incapaces de aprender

Autor: Carlos Alberto Montaner

 

 

Jorge Giordani es un viejo comunista que hasta hace pocas fechas fue el ministro de Planificación y Finanzas del chavismo, primero con Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro. Tiene fama de haber sido un funcionario honrado en un Gobierno en el que abundan los rateros.

 

Nadie, sin embargo, ha acusado a Giordani de ser competente. Sería una peligrosa temeridad. No se metía la plata de los demás en el bolsillo. Lo que hacía era destruirla en esa trituradora implacable de riqueza que es la ideología marxista. Es uno de los responsables del hundimiento económico del país. Cuando llegó al poder había seis millones y medio de pobres. Cuando lo dejó, hace unos días, la cifra había aumentado a más de nueve.

 

Giordani se despidió del cargo con una larga carta en la que culpa a los demás del desastre económico venezolano. Sus culpables son el irresponsable gasto público, la corrupción, PDVSA y el pobre Nicolás Maduro, quien supuestamente ha traicionado al socialismo y al legado inmarcesible de Hugo Chávez. (Inmarcesible, Nicolás, quiere decir que no se marchita. Y marchita no es una marcha pequeña de estudiantes indignados, sino un verbo que procede del latín).

 

El ingeniero Giordani no es capaz de advertir que el error intelectual está en el presupuesto ideológico. Cuando se debilitan los derechos de propiedad y las decisiones económicas las toman los funcionarios; cuando se potencia la aparición del Estado-empresario y se estatiza el aparato productivo; cuando se eliminan las principales libertades porque la crítica se convierte en traición a la patria, inevitablemente surge la escasez, se deteriora progresivamente el entorno físico por falta de mantenimiento y comienza un acelerado proceso de empobrecimiento colectivo que no tiene fin ni alivio. Mañana siempre será peor que hoy.

 

Mientras los venezolanos leían la carta de Giordani, los cubanos, asombrados, repasaban otra misiva escrita por el comunista, escritor y exembajador Rolando López del Amo, jubilado en La Habana tras haber ocupado diversos cargos de primer rango en la diplomacia castrista. El texto puede localizarse en internet, donde circula profusamente.

 

El señor López del Amo tiene una explicación parcialmente diferente a la de Giordani. Supone que el responsable del desastre cubano es el burocratismo, ese enmarañado ejército de funcionarios indolentes que no deja que el país avance. Como es una persona seria, no culpa al embargo estadounidense, ni a la sequía ni a los ciclones, porque el país no padece hace tiempo estos fenómenos naturales. Cree que el mal está en otra parte: es la malvada gente que entorpece la marcha gloriosa del socialismo.

 

Termina su carta con un conmovedor llamado a sus camaradas:

 

Estamos en el año 56 de nuestra experiencia revolucionaria y no podemos continuar cometiendo los mismos errores ni ofreciendo las mismas justificaciones. Se impone un cambio de mentalidad, de actitud, de estructuras y de personas para lograr el sueño colectivo de un socialismo próspero y sostenible.

 

¡Madre mía! Estamos ante un comunista inasequible al desaliento. ¡Qué gente más dura de mollera! Cincuenta y seis años de fracasos continuados y barbarie, de “oprobio y bobería”, como Borges decía del peronismo, no le han bastado para entender que el sistema no sirve para nada en ninguna latitud. Ni con los laboriosos alemanes o norcoreanos ni con los muy serios checos y húngaros, y mucho menos con los caribeños de Cuba o Venezuela.

 

Es posible, sin embargo, que Raúl Castro, finalmente, haya comprendido esta dolorosa verdad. Lo triste es que la educación del hermano de Fidel ha durado más de medio siglo y costado miles de vidas y la ruina completa de una nación. (Fidel, en cambio, es indiferente a la realidad y morirá defendiendo las mismas tonterías de siempre). En todo caso, mientras el embajador López del Amo escribía su carta, el zar de la economía cubana, un ex coronel llamado Marino Murillo, anunciaba que todos los restaurantes del país serían privatizados.

 

Es el principio del fin del loco proyecto marxista del colectivismo, pero no de la dictadura. Ahora, poco a poco, sin prisa, pero sin tregua, como le gusta repetir a Raúl Castro, quieren desmantelar el socialismo y gobernar con mano férrea un país pseudocapitalista. Ya no son marxistas. Son, simplemente, una banda autoritaria de gente decidida a mandar a palos. Puros matones.

 

 

  1. El mundo ha experimentado un espectacular avance

Autor: Diego Sánchez de la Cruz

 

 

Hablar de Guy Sorman es hablar de uno de los liberales franceses más importantes de las últimas décadas. De carácter amable y mente abierta, el filósofo galo es uno de los co-fundadores de Acción Contra el Hambre y aparece de forma recurrente en las páginas de opinión de diarios como The Wall Street Journal o Le Figaro.

 

Sorman ha visitado España para participar en el Campus FAES 2014. En la sierra madrileña, el autor de Los Verdaderos Pensadores De Nuestro Tiempo ha concedido a Libre Mercado la entrevista exclusiva que pueden leer a continuación.

 

Pregunta – Aunque ya tiene Vd. a sus espaldas numerosos libros y ensayos, uno de los más influyentes sigue siendo “La Economía no Miente”. ¿Cuáles son las tesis centrales de este ensayo?

 

Respuesta – La principal tesis de este libro es que el debate sobre los principales ingredientes del desarrollo socioeconómico está ya zanjado: sabemos a ciencia cierta cuáles son los pasos que debe dar un país para alcanzar un mayor nivel de riqueza, porque hemos sido testigos de muchos experimentos y podemos extraer conclusiones.

 

En línea con todo esto, podemos decir que el elemento principal del progreso es el mantenimiento de un marco institucional estable, capaz de proteger los derechos de propiedad y de ofrecer certidumbre en el ámbito regulatorio y fiscal. Si a esto se le une un clima de respeto hacia el emprendimiento y el trabajo, entonces llegamos al progreso, que es la consecuencia natural de la libertad.

 

Cuando le escuchamos hablar de la evolución del mundo en las últimas décadas, su visión optimista choca con la de muchos pensadores.

 

– En los últimos treinta años, el mundo ha experimentado un espectacular avance hacia la desaparición de la pobreza. Esto es algo que demuestran todos los estudios e informes sobre la cuestión. Por eso prefiero ponerme del lado de aquellos economistas que sí opinan que el mundo ha ido a mejor.

 

No tengo nada en contra de aquellas personas que no estén de acuerdo conmigo. El debate plural es un punto central en toda sociedad abierta. Eso sí: creo que es importante entablar discusiones basadas en la realidad. Por eso conviene subrayar los datos que sí tenemos disponibles, porque así podemos ver que cae la mortalidad infantil, que aumenta el bienestar y que las soluciones de mercado sí funcionan, al contrario de lo que ocurrió cuando se intentó el desarrollo por la vía socialista.

 

Hay quienes anticiparon que esta crisis supondría el fin del capitalismo e iniciaría el declive de EEUU como superpotencia mundial. Vd. insistía en 2008 en que esta interpretación era equivocada. ¿Qué piensa ahora?

 

– Es importante recordar el ambiente intelectual que vivimos al comienzo de esta recesión. Por aquel entonces se decían cosas de este tipo: “Esta es la crisis definitiva del capitalismo”, “Marx tenía razón”, etc. En realidad, el mismo sistema capitalista se nutre y se enriquece de las crisis, son inseparables del mismo porque los procesos de innovación y de competencia requieren momentos de ajuste.

 

Entre quienes sí aceptan la economía capitalista encontramos dos visiones encontradas respecto al modo en que se deben capear estas situaciones. Los liberales clásicos abogan por dejar que el mercado se vaya reconvirtiendo y los keynesianos interpretan que el Estado tiene que intervenir. A menudo, esto se traduce en que los gobiernos hacen un poco de lo primero y un poco de lo segundo…

 

Ciertamente, EEUU está en un escenario como el que Vd. describe. ¿Cómo valora la salud económica del país norteamericano?

 

– La tasa de paro se está reduciendo, acercándose ya al 6%. Hay que considerar que, en una economía de semejante tamaño, estos niveles de empleo son muy elevados. Por otro lado, la tasa de crecimiento se está recuperando, coqueteando con niveles de expansión que, traducidos a economías emergentes, supondrían aumentos del PIB del 10%.

 

Hay más aspectos que debemos considerar. Por ejemplo: el número de patentes registradas en EEUU sigue a la cabeza de los rankings internacionales, lo que refuerza los procesos de innovación y destrucción creadora que necesita toda economía para seguir avanzando.

 

En el contexto europeo, lo más parecido a una superpotencia económica como EEUU es Alemania, país al que Vd. pone como ejemplo cuando analiza los pasos a seguir para sacudirnos definitivamente la crisis y recuperar el bienestar perdido.

 

– La experiencia histórica de Alemania ha sido dura. Ha sufrido el comunismo y el nacional-socialismo. Ha atravesado duros procesos de hiperinflación. Por eso que ahora hay un camino claro: el de la economía de mercado. Este modelo se construye alrededor de un consenso que abarca a conservadores, socialdemócratas, liberales… pero también a sindicatos y organizaciones empresariales. Ciertamente es una suerte que exista ese consenso en torno al liberalismo.

 

Por otro lado, la descentralización ha ayudado a Alemania, permitiendo que sus diferentes regiones se vayan adaptando a las necesidades de la economía del siglo XXI, cada una mediante diferentes estructuras. En cualquier caso, hay que subrayar que el éxito de EEUU o Alemania no es ninguna rareza pues, como comentábamos antes, los países que se acercan al paradigma liberal son aquellos que consiguen un alto grado de desarrollo y progreso.

 

No se puede decir que su país esté avanzando en esa misma dirección. Cada vez hay más personas que ven a Francia como un ejemplo de retroceso.

 

– Tenemos problemas estructurales que nos están perjudicando notablemente. Por ejemplo, en Francia siempre hemos complicado sobremanera el trabajo de los empresarios. Fundar una compañía es muy difícil, por eso no sorprende que muchas de las grandes firmas de nuestro país sean proyectos creados hace mucho tiempo.

 

Incluso cuando las empresas ya están en marcha, los sindicatos complican mucho el desarrollo competitivo de las sociedades. No solamente eso: también hay que enfrentarse a una notable incertidumbre regulatoria y fiscal, que genera un clima de desconfianza y evita el desarrollo de una economía más sana.

 

En los últimos tres años, el gobierno galo ha anunciado todo tipo de planes fiscales y normativos que luego han sido desmentidos, enmendados, rectificados… El resultado es un escenario en el que la incertidumbre es máxima. Por suerte, la pertenencia a la Unión Europea ayuda a que el sector privado mantenga el pulso competitivo hasta cierto punto, pues tenemos estabilidad monetaria y además debemos adaptarnos a un mercado único continental.

 

La tradición anti-capitalista francesa tiene hoy una nueva estrella: el economista Thomas Piketty. ¿Qué opinión tiene de sus trabajos sobre la desigualdad?

 

– La verdad es que he leído su libro El Capital en el siglo XXI y, en mi opinión, este libro no es un libro sobre economía, sino un libro político. Hay fragmentos de su análisis que cubren aspectos históricos y resultan muy interesantes; sin embargo, el argumento central se enmarca en el marxismo de siempre, planteando al capitalismo como un sistema condenado a la auto-destrucción.

 

Piketty habla de un capitalismo en el que los grandes empresarios dejarán de invertir y obtendrán su riqueza de las rentas generadas por el capital de forma casi automática. Esto alimentaría una desigualdad extrema que acabaría, en última instancia, con la economía de mercado. El problema con esta tesis es que la Historia no avala, en absoluto, este tipo de visión de la economía. De hecho, el capitalismo ha alimentado un gran avance de las clases medias, lo que contradice la interpretación pesimista que hace Piketty.

 

En última instancia, hay que recordar que el socialismo ha perdido todos sus referentes ideológicos y esto ha desatado una histeria por encontrar nuevas caras y nuevos argumentos. Con Piketty se cumplen estos objetivos, de ahí la popularidad que está alcanzando.

 

Por último, y aprovechando su visita a España, quiero preguntarle por la evolución económica de nuestro país.

 

Me sorprende que se estén tomando decisiones muy difíciles por parte del Gobierno, a pesar de las presiones. Era importante flexibilizar el mercado laboral y se ha hecho. Por otro lado, también me llama la atención la resistencia de las familias españolas, cuyas redes de apoyo han servido para mitigar los negativos efectos de la crisis.

 

Poco a poco, los indicadores económicos muestran una recuperación. Más exportaciones, más inversión, más empleo… pero entiendo que muchas personas aún no perciben esos beneficios, por lo que el futuro político del país quedará legitimado porque la recuperación siga llegando a más gente.

 

 

 

El GGC puede ser encontrado en YahooGroups y en FaceBook

 

 

Quote of the Day

I’ve lived most of my entire adult life outside the law, and
never have I compromised with authority. But neither have I gone out and
picked fights with authority. That’s stupid. They’re waiting for that;
they invite it; it helps keep them powerful. Authority is to be
ridiculed, outwitted and avoided. And it’s fairly easy to do all three.
If you believe in peace, act peacefully; if you believe in love, acting
lovingly; if you believe every which way, then act every which way,
that’s perfectly valid — but don’t go out trying to sell your beliefs
to the system. You end up contradicting what you profess to believe in,
and you set a bum example. If you want to change the world, change
yourself.

–Tom Robbins

Quote of the Day

The law changes and I don’t. How I stand vis-à-vis the law
at any given moment depends on the law. The law can change from state to
state, from nation to nation, from city to city. I guess I have to go by
a higher law. How’s that? Yeah, I consider myself a road man for the
lords of karma.

— Hunter S. Thompson

Quote of the Day

We’re told every day, “You can’t change the world.”
But the world is changing every day. Only question is…who’s doing it?
You or somebody else?

— J. Michael Straczynski

Quote of the Day

Y cuando un hombre está muy triste, no porque tenga dolor de muelas o haya perdido dinero, sino porque alguna vez por un momento se da cuenta de cómo es todo, cómo es la vida entera y está justamente triste, entonces se parece  siempre un poco a un animal; entonces tiene un aspecto de tristeza, pero es más justo y más hermoso que nunca.

— Hermann Hesse (“El Lobo Estepario”)

Quote of the Day

Wise men talk because they have something to say;
fools, because they have to say something.

— Plato